La vida es un tango estelar
Comentario por Carmen Dolores Hernández acerca de Hijos de las Estrellas
Para el Nuevo Día
No se trata de ‘ciencia-ficción’, pero este libro, escrito por un científico que es el director del Observatorio de Arecibo, resulta tan apasionante como una novela de ese género y es mucho más impresionante, porque trata de la realidad cósmica en la que estamos insertos.
Hijos de las Estrellas. Nuestro Origen, Evolución y Futuro
Daniel Roberto Altschuler, Madrid: Cambridge University Press, 2001, 238 pp. (Akal 2005 tercera edición)
“Cuando contemplo el cielo,/ de innumerables luces adornado,/ y miro hacia el suelo/ de noche rodeado,/ en sueño y en olvido sepultado…” El poema “Noche serena”, de Fray Luis de León -escrito en el siglo XVI- representa una de las muchas perspectivas desde las que el hombre ha considerado el mundo físico que es su hábitat.
Filosófico, meditativo, el fraile-poeta se plantea las maravillas del universo y la poca consciencia que tiene el hombre de la grandeza que lo rodea.
El libro que reseñamos, escrito por un físico uruguayo -que es director del Observatorio de Arecibo- se propone presentarle al lector, desde una perspectiva científica, las maravillas de ese universo que tan largamente ha fascinado a la humanidad y del que sabemos tan poco quienes somos legos en las ciencias. Con sencillez, pero con precisión, facilitando -sin condescendencia- el acceso a una de las ciencias más antiguas y de más rápida evolución en la actualidad, la astronomía, Daniel Roberto Altschuler ha logrado escribir un libro fascinante. En él encontramos la trayectoria de nuestro universo a la par que la historia de los científicos que nos lo han ido revelando.
Tan dramática es esa historia, tan pertinente a la vida sobre la tierra -a cada una de nuestras vidas- que el libro se lee como si fuera un relato de ‘ciencia-verité’ (si se me perdona forjar ese concepto opuesto al conocido género de la ‘ciencia-ficción’ y análogo al del ‘cinema-verité’ que intentó, en los años sesenta del pasado siglo, prescindir de toda ficción y reflejar sólo la realidad). Altschuler sabe poner en términos comprensibles conceptos que pueden ser muy abstractos. Las explicaciones se expresan en un lenguaje que llega a ser coloquial, lo cual le da inmediatez a los planteamientos y los relaciona con nuestras vidas. Cuando habla, por ejemplo, de cómo se formaron los elementos de la tabla periódica que son más pesados que el hierro (entre ellos el oro, el iridio y el platino), dice: “Tal vez ahora aprecie de manera diferente el oro y el platino de sus joyas. Sin duda, se trata de materiales costosos porque son raros y bellos, pero lo que les confiere su verdadero valor es saber que lo que llevamos en la mano se formó hace más de cinco mil millones de años durante la explosión de una estrella gigante en algún rincón de la Galaxia”. Para explicar la potencia energética del sol, facilita nuestra comprensión de la siguiente manera: “Quizá le resulte más sencillo hacerse una idea de dicha cantidad si le cuento que el Sol genera en un segundo más energía que la que hemos consumido en toda la historia de la humanidad”.
Según se progresa en la lectura, va desarrollándose en el lector una alteración del habitual sentido de la proporción. Nosotros, que nos creemos el centro del universo, somos en realidad una partícula del mismo. Vivimos en un “hermoso planeta, una joya azul y blanca con alguna que otra tonalidad amarilla ocasional y un delgado halo atmosférico…”. La Tierra nació hace cuatro mil quinientos millones de años, pero ninguno de nosotros hubiéramos reconocido su forma actual entonces. “Si usted hubiera visitado nuestro planeta hace unos tres mil millones de años… habría tenido que usar un traje espacial para sobrevivir… Había mucha menos tierra que hoy en día porque los procesos que formaron los continentes… estaban comenzando. Bajo aquella atmósfera densa, los continentes germinales eran desiertos calientes y estériles. El Sol lucía rojo y el cielo mostraba un color naranja suave en lugar de celeste…”
La aparición de la vida en la Tierra dependió estrechamente de procesos físicos: “el mundo biológico y el mundo físico”, escribe Altschuler, “se relacionan de una forma intrincada, como un tango cuidadosamente coreografiado que bailan diferentes procesos manteniendo el ritmo para no tropezar y caer. La vida es un tango, pero hay que saberlo bailar, y si tropezamos y caemos duele, como todas las caídas”. Y aunque la aparición de la vida es relativamente reciente -data de aproximadamente trescientos millones de años- la aparición de seres inteligentes es aún más reciente: “Hace menos de dos millones de años, algunos piensan que mucho menos, ocurrió lo que posiblemente sea la transición evolutiva más importante de todos los tiempos. Los descendientes de aquellos homínidos que habían dejado sus huellas en Laetoli desarrollaron cerebros grandes, la habilidad de fabricar herramientas y el uso del lenguaje… El mundo recibió una mente y aquello significó un cambio radical, a pesar de que muchas veces actuamos como dementes”.
Esta última frase es clave para comprender el otro propósito de este libro: aleccionarnos sobre la necesidad de cuidar de este maravilloso planeta: “….la mayoría de las especies que han poblado la Tierra se han extinguido y desaparecido para siempre”, nos dice el autor. ¿Será la nuestra, una especie inteligente, capaz de ser lo suficientemente inteligente como para evitar acciones cuyas consecuencias acarreen la muerte y la destrucción no sólo para la vida sino para el planeta mismo? Esa pregunta, explícita en el libro, adquiere tonos ominosos cuando se examinan algunas de las maneras en que la humanidad está afectando adversamente el único planeta que tiene a su disposición. Es un ‘caveat’ que parece verse prefigurado en otra estrofa del poema de Fray Luis que citamos al comienzo: “El hombre está entregado/ al sueño, de su suerte no cuidando,/ y, con paso callado,/ el cielo, vueltas dando,/ las horas del vivir le va hurtando.”
No podemos terminar esta reseña sin mencionar la abundancia de ilustraciones y cuadros analíticos que, con sus calces informativos, auxilian grandemente la comprensión del texto y las caricaturas que, ocasionalmente, ponen un toque de humor en el conjunto.
(También puede ver la entrevista realizada por Carmen Dolores)