Hijos de las Estrellas

Weblog del científico y escritor Daniel Altschuler

Lunes, Febrero 25, 2008

Visitantes de Otros Mundos

Especial para El Nuevo Día
domingo, 22 de septiembre de 2002

LA PREGUNTA siempre surge, no importa cuál sea el tema de mi presentación al público. No importa si hablo sobre los misterios energéticos de los centros galácticos o sobre el origen de los átomos, siempre surge.

En ocasiones viene precedida de algo como “claro, yo sé que no lo puede decir pero…” (¿Entonces para qué pregunta?). Otras veces alguna pareja me la hace y, al recibir el contundente negativo, se miran con ojos de conspiración con un leve codazo al otro, como diciendo “viste, te dije que lo iba a negar” (caso comprobado).

Es cierto: en el Observatorio de Arecibo utilizamos una pequeña fracción del tiempo disponible para buscar evidencia de sociedades tecnológicas que habiten algún planeta en órbita alrededor de alguna estrella similar al Sol. La idea es que si ellos usan ondas electromagnéticas al igual que nosotros para transmitir radio y televisión (algo razonable aunque no necesario) sería posible detectar estas débiles emisiones usando el telescopio más sensitivo del mundo, el de Arecibo. Esto se llama SETI por sus siglas en inglés (Search for Extraterrestrial Intelligence). De paso, no estoy tan seguro de que si alguien en otro distante planeta lograra detectar y descifrar nuestros programas de radio y TV concluiría que aquí hay vida inteligente. También es cierto: no hemos encontrado nada, niente, rien, como dicen, zilch.

Buscar una aguja en un pajar es juego de niños comparado con SETI. En los últimos años se ha encontrado por primera vez en la historia la evidencia de que hay planetas alrededor de otras estrellas, contestando así una pregunta milenaria. Pero la evidencia es indirecta (aunque definitiva) y no es posible ver estos planetas ni con el más poderoso telescopio. No sabemos si son cuerpos desolados, con superficies grises y estériles llenas de cráteres como las de Mercurio y la Luna, o si son gigantes gaseosos con enormes nubes de color como Júpiter y Saturno. Quizá alguno sea azul, verde y amarillo, los colores de nuestra fértil Tierra, y contenga grandes cantidades de agua, la quintaesencia de la vida. Pero todavía no lo sabemos a ciencia cierta, necesitaremos telescopios más poderosos para averiguarlo. Aunque se estima que hay miles, quizá millones, de planetas como la Tierra en nuestra galaxia, la Vía Láctea, encontrarlos, excepto en pocos casos, es casi imposible y sólo tenemos vagas ideas acerca de dónde y cómo buscar. Mayor todavía es la incertidumbre en cuanto al surgimiento y duración de civilizaciones extraterrestres, una vez que haya nacido un planeta azul, verde y amarillo.

El espacio entre las estrellas es increíblemente vasto y mayormente vacío. Piense que para ir a la Luna, que se encuentra astronómicamente cerca de nosotros, la luz, que viaja tan rápido que puede darle la vuelta a la Tierra en un décimo de segundo, tarda un segundo. Para llegar al Sol la luz tarda ocho minutos y para llegar a la estrella más cercana al Sol (Alfa del Centauro) viaja por cuatro años. La mayoría de las miles de estrellas que usted ve a simple vista en el cielo nocturno se encuentran a distancias de muchos cientos y miles de años luz. Para viajar de un lado al otro de nuestra galaxia, la luz tarda unos cien mil años. Sin duda: distancias que no es posible imaginar y difíciles de cruzar a cualquier velocidad.

Algunos opinan que no debe ser tan difícil, y que en realidad los ovni (objetos voladores no identificados) demuestran que los extraterrestres se encuentran muy cerca de nosotros. Hay gente que insiste en que los extraterrestres están aquí hace tiempo y que han tenido encuentros cercanos con todo tipo de seres extraños que vienen de muy lejos para visitarlos en lugares remotos de la Patagonia, en un desierto de Arizona o en la laguna Cartagena. Afirman que fueron secuestrados por seres que se parecen sospechosamente a aquellos en la más reciente producción de Hollywood, o que fueron voluntariamente con ellos. Los extraterrestres se asemejan a humanos modificados, con cabezas grandes y ojos extraños, lo cual delata un origen imaginario y, para colmo, no muy creativo. Si usted considera nada más que la diversidad de formas de vida que hay en la Tierra y piensa en lo que hemos aprendido acerca de su evolución, queda claro que cualquier extraterrestre se asemejará a nosotros tanto como un sofá.

Otros hasta ofrecen proporcionarnos el conocimiento adquirido de estos seres que por definición son muy superiores a nosotros (por eso sus grandes cabezas) y que, por lo tanto , han descubierto los secretos de la inmortalidad, la belleza y otras cosas buenas. Están muy dispuestos a entregarnos estos secretos, a un precio razonable, claro está.

Se dará cuenta de que no sería fácil visitarnos desde sistemas planetarios que se encuentran a enormes distancias que medimos en millones de millones de millones de kilómetros. Sería un viaje que a cualquier velocidad permisible (la máxima es la de la luz) tardaría cientos o miles de años. Es ridículo pretender que luego de esta increíble odisea estos seres mucho más avanzados que nosotros, y por lo tanto con nada que temer, al llegar finalmente a su destino, se esconden en la noche para asustar a algún paisano. Más ridícula es la idea de que estas naves del futuro, construidas con tecnologías que no somos capaces ni de imaginar, se estrellan miserablemente en algún remoto desierto.

Imagínese que usted visitara un planeta en órbita alrededor de la estrella más cercana, Alfa del Centauro (que en realidad es un sistema triple de estrellas), viajando en una nave del futuro que alcanzara viajar a la increíble velocidad de un décimo de la velocidad de la luz. A esta velocidad usted le podría dar la vuelta a la Tierra en un segundo. Llegaría a ese distante lugar luego de un viaje de unos cuarenta años. No podemos imaginarnos el mundo que encontraría, pero dudo que usted se conforme con visitar un lejano y solitario paraje en la oscuridad para asustar a un par de paisanos, y luego emprender el largo viaje de regreso.

Hay un número sorprendente de personas dispuestas a creerse todo esto, e interpretan las negativas por parte de científicos y oficiales gubernamentales (entre los que me incluyo) como confirmación de sus sospechas de que en Arecibo (por ejemplo) nos comunicamos con ellos todos los días. Se sobrentiende que el gobierno mantendrá estas cosas en secreto (en este caso no sé por qué). La naturaleza de los observatorios astronómicos, abiertos a la comunidad científica y al público, haría muy difícil mantener tal secreto, aunque así se deseara.

Sin embargo, le confieso que hay veces que pienso que simplemente no estamos buscando donde debemos y que es cierto que están aquí.

Naturalmente que el viaje hasta la Tierra, un viaje de muchos años, aburrido y de final incierto, no es uno para el cual los ciudadanos de ese lejano planeta forman fila.

Pero, al igual que en algunos episodios de nuestra historia, es posible obtener gente dispuesta a ello, gente que no tiene nada que perder, gente que debe escoger entre este viaje de alto riesgo o cadena perpetua por algún crimen, o quizás la pena de muerte. Eso me lleva a pensar que los extraterrestres son criminales desterrados (debiera ser desplanetados). Pensándolo bien eso concuerda con algunas observaciones.

Queda claro que no deben ser individuos muy simpáticos que digamos, y naturalmente nuestra Tierra no les importa mucho, y nuestras vidas menos. No son de aquí. Naturalmente puede que al principio les pique un poco la curiosidad, pero luego esto les resulta bastante aburrido, como se sentiría usted si lo transportaran a la antigua Mesopotamia, o peor, a vivir con los neandertales en una cueva de la futura España. Imagínese qué horrible, sin TV ni radio, ni nevera, ni luz eléctrica, ni comidas rápidas. Y después los antropólogos se preguntan por la causa de la desaparición de los neandertales. Para mí queda bien claro que nadie puede sobrevivir en esas condiciones de vida.

En fin, decía que estos visitantes se aburren y creo que eso los lleva a tomar riesgos y a hacer cosas descabelladas que los delatan, y no me refiero solamente a asustar a la gente en la noche, aunque de niños hacíamos eso con nuestros hermanos para no aburrirnos.

Ahora me doy cuenta. A esos tipos endemoniados que en la noche me pasan por el paseo de la 129 a noventa millas por hora no les importa la vida propia ni la ajena. Ningún humano hace eso, no, son extraterrestres. ¿Y qué me dice de aquellos que andan por ahí muy bien vestidos y respetados y luego resulta que son ladrones, asesinos y violadores? ¿Verdad que no esperamos eso de un terrícola que respeta la vida y el planeta?

Así que, ya ve, no sabemos de dónde vienen y no tenemos ninguna detección electromagnética de sus actividades, y sin embargo se nos presentan claramente y no dudo que usted también los ha visto…

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posted by admin at 17:20  

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