No lo Entiendo
Es cierto que ese Yahvé puede resultar espantoso
Pero los hombres sin tabúes pueden resultar peores
Fernando Savater
Al escribir, resulta a menudo difícil consultar las fuentes originales. Esto se debe en parte a la cargada agenda personal y al alud informativo que nos ahoga con hechos y noticias que apenas podemos digerir. Simplemente no da el tiempo. Además, muchas veces los documentos originales, una carta de hace decenios, un documento redactado hace siglos, o un libro escrito hace milenios se encuentran en un oscuro monasterio o lejano museo. Es necesario confiar entonces, en fuentes secundarias o terciarias, es decir que leemos lo que otro escribió acerca de algún asunto, que a su vez leyó lo que otro escribió el cual (quizá) leyó el original. Si las fuentes son confiables y se hizo un trabajo impecable de documentación no surgen problemas, pero en muchos casos puede ocurrir lo que es objetivo de un juego de niños que se cuentan un secreto y lo pasan al oído uno al otro a ver qué sale al final. El cambio de una palabra y hasta de una coma puede resultar en una diferencia importante. Piense en el decreto de ejecución dado a la firma de cierto Rey que leía: “Perdón imposible, que cumpla su condena. Antes de firmar el buen Rey movió la coma: “Perdón, imposible que cumpla su condena.”
En el caso que me concierne el documento original, aunque muy antiguo, (o una traducción oficial) está disponible en Cibernecia, ese país de maravillas y disparates al cual cualquiera puede ingresar sin necesidad de un pasaporte o un visado. Sobre el portón de entrada se lee en grandes letras de color rojo neón: “Proteja su mente quien entre aquí”. Esto me evitó tener que viajar a algún oscuro monasterio o lejano museo (uno de los efectos negativos de viajar a Cibernecia) para saciar mi curiosidad y tratar de entender algo que no entiendo. Busqué en la Biblia, que según algunos es la palabra de Dios, en Génesis. Es cierto lo que tantos repiten. Al sexto día de la creación, dice, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Eso está en la primera página de uno de los libros más importantes de la humanidad. También dice que hizo la luz en el primer día y recién en el cuarto hizo el Sol. Supongo que esto es solamente un error en un detalle técnico - una confusión entre la luz del día y la luz del Sol que son la misma cosa. Pero viniendo de quien se supone que viene, no lo esperaba. Algo no cuadra.
Pero lo que en realidad quería leer en su original es algo que a raíz de lo que observo me tiene muy confundido. Así es que fui directo al Segundo Libro de Moisés, llamado Éxodo y allí leí lo que buscaba, uno de los diez mandamientos, el quinto: No matarás. Está más que claro; lo que dice es que no matarás. Pero hay algo que se me escapa, y es lo que no entiendo, ya que es obvio que ni los más píos lo cumplen. Antes de mandarlos a matar, o morir, un cura o pastor les lee de la Biblia a los soldados. Líderes religiosos atacan el aborto y apoyan la pena de muerte. No lo entiendo.
Decidí buscar un poco más para ver si no era como en muchos casos en los cuales un asterisco, una llamada, nos manda al final del documento en el cual se encuentran un montón de excepciones a la ley y casos especiales donde no aplica, y que generalmente nadie lee por estar escritas en letras muy pequeñas. En la Biblia no se utiliza esta artimaña moderna, sino que simplemente hay otras partes que clarifican, lo que al principio se formula como un absoluto. Queda claro además, que se refiere a matar humanos ya que los otros animales se mataban sin problema. Pero, en cuanto a matar humanos hay muchos casos en los cuales sí matarás.
Así en Éxodo 22:20 leo: “El que ofrezca sacrificio a otros dioses en vez de ofrecérselo solamente a Jehová, será muerto”, es decir pena de muerte a los que siguen otra religión, y en 35:2 “Seis días se trabajará, pero el día séptimo os será santo, día de descanso para Jehová; cualquiera que haga en él algún trabajo, morirá”. Bastante drástico, ¿no le parece? También en Levítico 20:27 dice: “El hombre o la mujer que consulten espíritus de muertos o se entreguen a la adivinación, han de morir; serán apedreados, y su sangre caerá sobre ellos.” Que suerte para los psíquicos que se presentan cada fin de año para equivocar con sus frívolos vaticinios para el próximo año, que esto ya no se observa. Por otro lado Levítico 24:16 dice: “El que blasfeme contra el nombre de Jehová ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará. Tanto el extranjero como el natural, si blasfema contra el Nombre, que muera”. Tirano, diría yo. En 24:10 leo: “Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos”, y más adelante hay pena de muerte para un hombre que se acuesta con otro hombre, para el que se acueste con su nuera y para el que tenga cópula con una bestia (incluyendo a la pobre bestia). Por suerte, para unos cuantos, estas directrices ya no se obedecen.
En Deuteronomio 21:18-21 leo: “Si alguien tiene un hijo contumaz y rebelde, que no obedece a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y que ni aun castigándolo los obedece, su padre y su madre lo tomarán y lo llevarán ante los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar donde viva, y dirán a los ancianos de la ciudad: “Este hijo nuestro es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho”. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá. Así extirparás el mal de en medio de ti, y cuando todo Israel lo sepa, temerá” Una combinación de abuso infantil y terrorismo, difícil de entender como las palabras de un ser bondadoso.
Por suerte para muchos, al menos en el mundo occidental, también esto ha pasado de moda - por ahora. De paso, esto demuestra que es falso decir que sin libros sagrados y religiones no habría una guía moral o ética. Hay en la Biblia muchos otros casos de pena de muerte, apedreados o quemados, y genocidios de pueblos enteros, por lo cual el afamado “no matarás” no es tan contundente ni universal como uno quisiera. El no matarás tiene muchos matices y mi búsqueda me dejó insatisfecho. Yo pensaba que era no matarás y punto, y no es así y comienzo a comprender algunas cosas. Si hubiese sido un mandamiento absoluto observado estrictamente habría evitado muchísimo sufrimiento, millones de sufrimientos. Millones de hombres mujeres y niños apedreados a muerte, torturados hasta morir de dolor, quemados en la hoguera, ahogados en agua o decapitados. Millones muertos violentamente por no pertenecer al grupo que los mandó matar.
Más modernamente, con el desarrollo de nuevas tecnologías del terror, cientos de miles han sido fusilados o hechos lonjas sangrientas por un explosivo que viene del cielo traído por una bomba inteligente, o viene del vecindario traído por una inteligencia bomba. La lista es muy larga y muy triste, matanzas de unos por otros, de judíos por cristianos, de cristianos por musulmanes y viceversa, de tutsis por hutus y viceversa, de negros o indígenas por blancos. Los humanos, hechos a su imagen y semejanza, somos expertos en matar, muchas veces en su nombre, inventado maquinarias de gran ingenio y mayor crueldad. No lo entiendo. ¿Dónde se encontraba Él cuando la muerte hedionda rondaba por Auschwitz, Somme, Stalingrado, Nagasaki, Diem Bien Puh, Keh Sanh, Basra, Camboya, Rwanda, Irak y muchos otros sitios donde el fango se puso encarnado?
Regresando a los diez mandamientos que Moisés recibió de Jehová en el monte Sinaí, el Decálogo, noto que es un conjunto ecléctico que necesita urgentemente ponerse al día, lo cual no asombra ya que fueron redactados hace más de dos milenios. La incertidumbre ética en la cual estamos inmersos es en parte consecuencia de normas anacrónicas inadecuadas para los tiempos presentes. Si son mandamientos, entonces que se cumplan siempre y con un mínimo de excepciones. Pero no parecen ni tener efecto sobre algunos que se pasean con la Biblia bajo el brazo y luego resultan ser unos canallas. Claro, el santo celibato y las hormonas no se llevan muy bien y ahí radica parte del problema.
La versión revisada podría comenzar con lo que nos han enseñado dos milenios de historia: Matar no resuelve nada. También, podemos olvidar aquellos mandamientos que surgen de una concepción retrógrada de la sexualidad. Mientras la iglesia católica se ha preocupado por siglos de lo que ocurre en la intimidad de la pareja, una forma de voyeurismo enfermizo de obispos y cardenales supuestamente castos, no parece que consideraran que el no matarás fuera de gran importancia ya que eran los primeros en quemar brujas y herejes. Ríos de tinta y toneladas de papel para disertar acerca de la fornicación y la concupiscencia. Entre esta absurda maraña de torpezas estaba la prohibición a la anticoncepción porque por las guerras y para la Iglesia se necesitaban niños. A nadie se le ocurrió prohibir las guerras por los niños.
Para la Iglesia Católica el uso del condón para evitar el contagio con el HIV es inmoral, lo cual a mi me parece verdaderamente inmoral. Gracias a esto, miles mueren cada año, pensando que protegerse les llevará al infierno sin saber que el infierno les espera en este mundo por no protegerse.
Sugiero que nos quedemos con el no matarás, pero con un no matarás y punto, sin letra chica ni pena de muerte. Acepto como razonable la posible necesidad de matar para evitar que otro mate siempre y cuando el peligro sea real e inminente y no haya otra alternativa, como la hubo en Hormigueros[1]. Miles de niños mueren cada día por falta de nutrición. Mueren de hambre, se dice, pero en realidad quien los mata son los humanos que mantienen el sistema que conduce al hambre. Esto va incluido en el mandamiento.
Luego, que le parece un “no mentirás” absoluto. Es una nueva formulación más general del bíblico noveno: “no dirás falso testimonio contra tu prójimo”. Así se hubiera evitado la muerte de sobre cien mil iraquíes y los muchos más heridos, justificada por falso testimonio. El próximo es “no torturarás” - que incluye maltrato de todo tipo, y excluye toda consideración legalista como la norteamericana que discute cuándo la tortura es tortura y cuándo no, en documentos del gobierno que parecen haber sido redactados por el mismo Satanás. Con la idea de no ensuciarse las manos han mandado prisioneros a que los interroguen otros que tienen menos escrúpulos. Así mantienen las manos limpias pero se ensucian las almas.
Propongo cuatro nuevos mandamientos:”Nadie sufrirá represalias por expresar sus ideas” y luego “No explotarás ni abusarás de otros”, seguido por: “Respetarás la naturaleza y vivirás en armonía con ella” y por último: “Utilizarás la razón (que Dios te dio) para dirimir tus diferencias con otros”. (Lo que está entre paréntesis es para confundir al enemigo). ¿Qué le parece?
Quizá para completar se deba mandar que “Harás todo lo que esté a tu alcance, sin violentarlos, para que otros cumplan estos mandamientos. Parece tan fácil ¿No?
Si, sería un mundo mucho mejor si fuera no matarás y punto y observáramos los mandamientos revisados ya fuera porque un Dios bondadoso así lo hubiese ordenado, o por pura convicción de que así debiera ser. Yo preferiría lo segundo, ya que las órdenes pueden (y en muchos casos deben) no acatarse pero en el caso de convicciones no es necesario acatar. Los viejos mandamientos no han servido para mucho. La simple razón es que hay un error básico en la Biblia. Un error que causa que todo el resto sea tan incomprensible. No es cierto que él nos hizo a su imagen y semejanza, sino que fuimos nosotros que le hicimos a nuestra imagen y semejanza. Ahora cuadra. Así, entiendo todo.
[1] Se refiere al asesinato del activista político Filiberto Ojeda, de 72 años de edad por un comando fuertemente armado del FBI en el pueblo de Hormigueros de Puerto Rico, el 23 de septiembre del 2005.
