Vida o Muerte
Especial para El Nuevo Día
domingo, 13 de julio de 2003

Las puestas de sol son motivo de diversas emociones. Hermosos colores pintan el cielo a medida que se apaga lentamente la luz del día, como si fuera algún gigantesco teatro al aire libre, para dar comienzo al nocturno espectáculo de las estrellas. Estas estrellas ni cantan ni bailan, sencillamente se nos muestran en todo su esplendor para que nosotros las admiremos y para contarnos una historia fascinante acerca del universo que habitamos y de nuestro origen.
Lo que muchos aún no saben es que nuestro Sol es una de ellas, solamente que muchísimo más cercana, tan cercana que sentimos su calor en nuestra piel. Es el calor que permitió que sobre la superficie de nuestro planeta se desarrollara la increíble variedad de organismos con la cual convivimos. El calor de la vida.
Las estrellas que ve en la noche pertenecen a nuestra galaxia, la Vía Láctea, una de casi mil millones de galaxias en el Universo. Próxima Centauri es la estrella más cercana al Sol, la menor del sistema triple de Alfa Centauri, a una distancia de cuatro años luz, donde un año luz es la distancia atravesada por la luz en un año. Piense que la luz, a su enorme velocidad, le puede dar la vuelta al mundo en una décima de segundo, así que imagine cuánto viaja en un año. La Vía Láctea tiene la forma de un gigantesco disco compuesto de estrellas, gas interestelar y polvo, y además materia oscura de composición misteriosa. Se estima que contiene unos doscientos mil además materia oscura de composición misteriosa. Se estima que contiene unos doscientos mil millones de estrellas, más que el número de granos de arena en una playa de varios kilómetros de largo. Le toma a la luz 100,000 años para ir de un extremo de la galaxia al otro, así que si la distancia a la estrella más cercana al Sol es difícil de imaginar, ni trate de imaginar la dimensión de la Vía Láctea. Otras galaxias se encuentran a millones y miles de millones de años luz de nosotros. ¿Qué le puedo decir? El Universo es un lugar inconcebiblemente grande, imposible de imaginar, en el cual nosotros somos meramente un microscópico punto sobre un microscópico punto.
La producción de energía del Sol, su luminosidad, es equivalente a cuatrocientos billones de billones de vatios. (Un billón de bil lones es un uno seguido de 24 ceros). Como ocurre a menudo en la astronomía, ésta es una cantidad que no podemos comprender inmediatamente. Si fueran solamente 23 ceros, a usted no le haría ninguna diferencia en términos de la comprensión del número. Sin embargo, la vida en la Tierra se sentiría algo perturbada por la falta de este cero, ya que no podría sobrevivir esta disminución por un factor de diez en la energía solar. Quizá pueda tener una mejor idea de esta cantidad, si le cuento que el Sol genera en un segundo más energía que la que hemos consumido en toda la historia de la Humanidad. El Sol emite su energía en todas las direcciones de forma uniforme y nuestro planeta intercepta solamente una parte en dos mil millones. Es esta diminuta fracción de energía solar la que alimenta la vida en la Tierra.
Todas las estrellas son básicamente la misma cosa: enormes esferas de gas luminoso. Sin embargo, presentan una gran variedad de tamaños, desde las más pequeñas con tan sólo un décimo de la masa del Sol y una milésima de su luminosidad, como lo es la cercana Próxima Centauri, hasta las gigantes con cincuenta veces la masa del Sol y cincuenta mil veces su luminosidad, como es Betelgeuse en Orión. Nuestro Sol es una estrella no muy diferente de las que usted puede ver en el cielo nocturno, aunque la mayoría son más pequeñas. Aparentan ser tenues porque se encuentran a grandes distancias de nosotros, de la misma forma en que una luz brillante apenas se ve si está muy lejos. La cercanía del Sol nos permite estudiar sus propiedades en gran detalle, y así obtener la clave para entender las estrellas.
Hemos observado y especulado sobre la naturaleza de las estrellas desde la antigüedad, pero fue apenas en el siglo pasado que nos fue posible entender su estructura, evolución y la fuente de la enorme energía que producen. Una estrella se compone mayormente de hidrógeno (un 75% de su masa) y helio (un 25%), con muy pequeñas cantidades de los demás elementos. De hecho, el helio fue descubierto por astrónomos que estudiaba n el Sol, quienes determinaron que un elemento hasta entonces desconocido formaba parte del gas observado en el Sol, llamándolo helio (del griego helios, Sol.)
Una fracción alta de los seres vivos extrae energía directamente de la luz de nuestra estrella. La fotosíntesis es, sin duda, el proceso biológico más importante de la Tierra, ya que es la fuente de energía que usa la mayoría de los organismos, directamente por las plantas o indirectamente por los animales que comen plantas. Este proceso también almacena energía solar para uso futuro en la forma de materia orgánica enterrada en los sedimentos (combustibles fósiles). En este sentido su automóvil funciona con energía solar, almacenada hace millones de años.
E= mc2
Seguramente, ha visto esta relación en algún lado, ya que hasta la ponen en las camisetas. Descubierta por Einstein, esta relación dice que hay una íntima relación entre la masa y la energía. En la práctica, esto significa que si tenemos una cierta masa de material y logramos de alguna forma, por algún proceso, transformarla, de modo que al final nos quedamos con menos masa, esa masa se convertirá en energía de acuerdo con la relación de Einstein. La cantidad c es la velocidad de la luz; un número muy grande y al cuadrado es un número más grande aún, por lo cual basta una pequeña masa para producir una enorme cantidad de energía. Por ejemplo, si pudiéramos convertir dos libras de masa en energía obtendríamos tanta energía como la que utilizamos en la red eléctrica de Puerto Rico en un año.
Suena fácil pero hay un problema, y es que el único proceso que conocemos para que esto ocurra es la reacción nuclear en la cual un elemento se transforma en otro con menos masa, y esto sólo ocurre bajo condiciones extremas como una temperatura muy alta, tan alta que es muy difícil lograrla en un laboratorio, comenzando porque no hay recipiente que las aguante. Un lugar en el cual encontramos estas enormes temperaturas es en las entrañas de las estrellas, consecuencia de la compresión del gas de la estrella por su propio peso. Ahí ocurre un proceso que transforma cuatro átomos de hidrógeno en un átomo de helio. La masa de helio es algo menor que la de los cuatro átomos de hidrógeno y es esa pequeña diferencia la que se convierte en energía.
En el centro del Sol se convierten, cada segundo, cinco millones de toneladas de materia en energía, de modo que cada segundo el Sol se torna más liviano por esta cantidad. En el transcurso de sus 4,500 millones de años de vida, el Sol ha convertido una gigantesca cantidad de masa en energía, tanto como unas cien veces la masa de la Tierra. Para el Sol, esto es insignificante, ya que corresponde a sólo tres diez milésimas de su masa, y esto no lo afecta para nada.
MUERTE
Al comprender cómo funciona el Sol, hemos descubierto que su vida es limitada y que dentro de unos cinco mil millones de años nuestro Sol morirá. Será el verdadero fin del mundo, aunque dudo que usted pierda el sueño por esto.
Nuestra especie ha habitado este planeta por solamente unos doscientos mil años, de modo que mil millones son un tiempo interminable. Habrá muchas otras barreras que atravesar antes de preocuparnos por ésta, la última barrera. Dentro de unos cinco mil millones de años, la luminosidad del Sol aumentará por un factor de mil en el relativamente corto tiempo de medio millón de años. La superficie de nuestro gigantesco Sol enrojecido llegará cerca de la órbita terrestre y cubrirá amenazante la mitad del cielo. En esta etapa final de su vida, el Sol lanzará al espacio una gran cantidad de gas, perdiendo una considerable fracción de su masa, por lo cual su atracción gravitacional a la Tierra disminuirá. En consecuencia, nuestro planeta se alejará lentamente del Sol. Si el creciente Sol alcanzara la órbita de la Tierra, ésta caerá lentamente al Sol por la fricción con la atmósfera solar y nuestra Tierra incinerada pasará al olvido. Pero si la Tierra escapara del creciente Sol al alejarse, quizá pueda escapar esta ardiente muerte, y, mientras el escapara del creciente Sol al alejarse, quizá pueda escapar esta ardiente muerte, y, mientras el remanente del Sol se enfría y se retira al centro, quedará congelada para siempre sin memoria del pasado.
El centro de la explosión de una bomba atómica es otro lugar en el cual se producen estas altas temperaturas. Allí, por un breve instante, se produce una temperatura tan alta como la de los centros de las es trellas, y si allí ponemos un poco de hidrógeno (o lo que en la práctica es mejor, deuterio, que es otra forma de hidrógeno), éste puede convertirse en helio y así, al igual que una estrella pero de forma explosiva, liberar una gran cantidad de energía. Una bomba termonuclear, o como se conoce comúnmente una bomba de hidrógeno.
Hace más de medio siglo, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, el 6 de agosto de 1945 para ser preciso, el cielo sobre Hiroshima, una ciudad al suroeste de Japón con una población de 400,000, estaba parcialmente nublado y el tiempo era bueno. Comenzaba un nuevo día para las personas de esta ciudad, un día difícil en esos tiempos de guerra. Era la Segunda Guerra Mundial, un triste episodio en nuestra historia, como todas las guerras, que para mí es casi la prueba de que no somos muy inteligentes, o que si esto es el producto de la inteligencia, entonces, indudablemente, necesitamos algo diferente.
Temprano en la mañana de ese día, un brillante destello blanco azulado, acompañado por un calor abrasador que fundió metal y piedra, fue seguido inmediatamente por el rugido y fuerza de una poderosa onda de expansión que lo cambió todo. En un radio de algunos kilómetros del centro de la explosión, todo fue destruido y todos murieron instantáneamente. Para cien mil personas, el tiempo llegó a su fin a las 8:16 de esa mañana. Otros sufrieron horribles heridas. La ciudad fue borrada del mapa. Otros miles que sobrevivieron la detonación perecieron luego de muchos años de sufrimiento por los efectos de la radiación. Todo este espantoso horror fue causado por una rudimentaria bomba atómica, apodada Little Boy.
En el presente, hay miles de artefactos en varios países, bombas atómicas y de hidrógeno de diversos tipos y de todos los colores capaces de causar variadas hecatombes. Armas nucleares que son mil veces más poderosas que la usada en Hiroshima, o la que unos días más tarde, el 9 de agosto de 1945, fue detonada sobre la ciudad de Nagasaki, con el mismo trágico resultado. No es un secreto que en muchos casos el control que se tiene sobre estas armas o sobre los materiales necesarios para producirlas no es confiable, y el riesgo de que caigan en manos de algún chiflado aumenta, a medida que aumenta el número de chiflados en la Tierra. Quién sabe, quizá a la misma hora en que usted trata de decidir entre zapatos negros o marrones, o entre el automóvil azul marino o el verde lagarto, un millón de personas en alguna ciudad del planeta acabarán sus vidas violentamente sin saber por qué.
Durante los últimos siglos, el progreso en nuestro conocimiento del mundo que nos rodea ha sido espectacular. Comenzando en los años de la última gran guerra, un grupo de científicos e ingenieros diseñó una serie de armas nucleares cada vez más poderosas y eficaces. Una gran dosis de creatividad, utilizando el secreto de las estrellas, fue puesta al servicio de la muerte. ¡Qué gran pena! Hemos aprendido mucho, pero en materia de convivencia aún estamos como los cavernícolas. La única diferencia es que aquellos solamente disponían de un palo o una piedra cavernícolas. La única diferencia es que aquellos solamente disponían de un palo o una piedra para hacerle daño al prójimo, mientras que nosotros, copiándonos de nuestro Sol, hemos construido armamentos que en un santiamén pueden acabar con millones. Sin duda, hemos llegado lejos, pero me pregunto si es a donde queríamos llegar. Debemos ponerle altísima prioridad a la meta de eliminar las armas nucleares del planeta. Es cuestión de vida o muerte.
