Groucho y el Rostro Marciano
Es indeseable creer una proposición cuando no hay base alguna para suponer que sea cierta.
Bertrand Russell
El 27 de agosto del 2003 Marte se acercó a 55,758,006 kilómetros de la Tierra. Nunca estuvo más cerca en los últimos 60,000 años. La última vez que Marte estuvo tan cerca fue visto por un grupo de neandertales (Homo neanderthalensis) que habitaban unas cuevas en España, y se encontraban afilando unas herramientas de piedra que utilizarían para descuartizar un ciervo. El astro rojo también llamó la atención de un grupo de Homo sapiens que se encontraba cruzando el río Nilo. Los neandertales se extinguieron hace unos 30,000 años, unos 10,000 años después de llegar esos Homo sapiens a Europa. Fue un hecho prehistórico de gran trascendencia cuya causa no conocemos pero podemos imaginar. Puede ser que nosotros, es decir Homo sapiens, simplemente fuimos mejores en utilizar los recursos disponibles y que en esa competencia los neandertales simplemente salieron perdedores. O quizá nuestra agresividad y superior armamento llevó a que simplemente los liquidáramos, al igual que ha pasado a lo largo de la historia entre grupos de humanos. Nuestra propensión a cometer genocidio es bien conocida. A nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, también los estamos liquidando. Pronto no quedarán más que los tristes inquilinos de algún zoológico.
Ya en la antigüedad Marte era objeto de gran interés, ya que es el único planeta que muestra un color rojizo a simple vista. Para los griegos era Ares, hijo de Zeus y Hera, dios de la guerra, acompañado siempre por sus dos hijos gemelos: Terror y Miedo. Para los romanos, Marte era hijo de Juno, inicialmente dios de la fertilidad y vegetación pero más tarde dios de la guerra, ya que para la guerra que tanto nos gusta era conveniente tener un dios. Se decía que los dos hijos de Marte, Romulus y Remus, fundaron Roma por lo cual los romanos se consideraban descendientes de Marte. El mes de Marzo se nombra por Marte y así también las artes marciales.
Como sea, el acercamiento del dios de la guerra hace 60,000 años nada bueno presagió para los neandertales. El acercamiento reciente, también bajo cielos de guerra, causó naturalmente gran curiosidad y malentendidos en un público muy crédulo. Es que si no se dicen las cosas con cuidado pueden aparentar ser otras. Así, la noticia de que Marte se acerca a la Tierra evoca imágenes de Marte acercándose a la Tierra tal como un toro se nos acerca al caminar por un campo, nada atractivo.
Pero debemos considerar que cada veintiséis meses Marte y la Tierra se acercan, en su eterno viaje alrededor del Sol, la Tierra en 365 días y Marte en 687 de nuestros días como si fueran dioses de un carrusel cósmico con el Sol al centro. Es decir que aproximadamente cada dos años nos acercamos a Marte, lo cual se llama estar en “oposición”. Si las orbitas de ambos planetas alrededor del Sol fueran círculos perfectos (como creían los antiguos) la distancia entre la Tierra y Marte cuando están en oposición sería siempre la misma, pero como en realidad son elipses hay ocasiones en que pasamos algo más cerca que en otras.
Como es común en estos casos, no faltaron aquellos para quienes la cercanía de Marte tenia efectos sobre los eventos terrenales. Leí en un artículo titulado “Diario vivir atado a los planetas” que: “Marte, en su cercanía a la Tierra, indicó la posibilidad de que muchas actividades acelerarán su curso y se logrará un adelanto en las metas o anhelos propuestos por millones de personas.” Claro que si, pero con Marte no tiene nada que ver. Y también: “En el caso de personas con antecedentes de violencia o agresión en cualquiera de sus calificativos la influencia de Marte sería incrementar el deseo de actuar con mayor impulsividad” ¡No diga! ¿Que hacemos, nos reímos o lloramos?. Ambos. Me río de la sarta de disparates con aire de autoridad que es capaz de escribir una persona, y por otro lado lloro porque sea posible publicar estas estupideces en un periódico serio, y más por las muchas personas que habrán leído el artículo y se lo han creído. Pero volvamos a Marte.
Galileo Galilei fue el primer Homo sapiens en observar Marte con un telescopio, por la sencilla razón de que antes de él no había telescopios, o más precisamente porque nadie usó este nuevo invento para observar el cielo, o más precisamente aun, porque si alguien lo hizo antes que Galileo no dejó un escrito para el futuro como su Siderius Nuncius. Galileo notó que durante el año Marte cambiaba de tamaño aparente en su telescopio, consecuencia de su cambio en distancia a la Tierra. A través de un telescopio se pueden divisar capas polares y manchas en su superficie, y pronto se determinó que la duración del día en Marte (24 horas y 37 minutos) era similar al de la Tierra
Marte tiene dos pequeñas lunas que fueron descubiertas en la oposición de 1877, cuando Marte se encontraba a 56 millones de kilómetros, por Asap Hall, astrónomo del Observatorio Naval de EE.UU., y llevan el nombre de Fobos (Terror ) y Deimos. (Miedo).
Durante esa misma oposición, el astrónomo Italiano Giovanni Schiaparelli, observando a Marte desde el Observatorio de Milán se refrió a unas aparentes marcas lineales que había observado con su telescopio como “Canali” y produjo un dibujo detallado (aun no se utilizaba la fotografía) de lo que observó. Pecivall Lowell, un acaudalado empresario de Boston especuló que estos canales se habían construido por una civilización para transportar agua de los polos a las zonas templadas de Marte. En 1883 construyó un observatorio bajo los cielos claros de Flagstaff, Arizona, para estudiar la obra de los marcianos (¿Homo martianus?). Durante muchos años, Lowell popularizó la idea de que había marcianos viviendo en Marte. Cientos de novelas de ciencia-ficción fueron escritas y numerosas películas fueron rodadas inspiradas por la idea de los marcianos, comenzando con la famosa “La Guerra de los Mundos” escrita por H.G. Wells en 1889. En ella, los marcianos invaden la Tierra y finalmente, nuestras amigas las bacterias, contra las cuales los marcianos carecían de defensas, logran sofocar el intento de conquista.
Un famoso episodio documentó la credulidad del público. Ocurrió la noche de Halloween de 1939 cuando Orson Welles como parte de su programa radial titulado “Mercury Theatre On The Air” adaptando la novela de Wells simuló la invasión (aunque parezca mentira, recuerde que no había TV entonces). El programa comienza llevando al radioescucha al Meridian Room del Hotel Park Plaza de Nueva York para escuchar “La Cumparsita” interpretada por la orquesta de Ramón Raquello. La música se interrumpe para anunciar que observatorios astronómicos observaron extrañas explosiones en Marte y luego sigue la música. Más adelante, un locutor interrumpe para informar que un extraño objeto en llamas ha caído en las inmediaciones de una granja en Grovers Mill en Nueva Jersey. Se prometen más noticias durante el transcurso del programa mientras un enviado especial se pone en camino al lugar de los hechos. Claro, el objeto en cuestión, que al principio se cree es un meteorito, resulta ser una nave marciana. Tras interrumpir de nuevo el programa, se escucha en “directo” al reportero Carl Phillips: “Hay algo que sale de las sombras. Es del tamaño de un oso y resplandece como cuero mojado … Señoras y señores los ojos son negros y brillan como los de una serpiente … cae saliva del borde de la boca que tiembla y pulsa … veo un pequeño haz de luz frente a un espejo. ¿Qué es eso? Una llamarada sale del espejo y golpea a los hombres. ¡Dios mío, se convierten en llamas!.”
Carl muere carbonizado junto a cuarenta personas y las cápsulas de noticias continúan a lo largo del programa. Más adelante se anuncia: “Damas y caballeros, me veo obligado a darles una grave noticia: por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad material nos conducen a concluir que los extraños seres que esta noche han aterrizado en una zona rural de Nueva Jersey son la vanguardia de un ejército de invasores proveniente del planeta Marte. La batalla de Grovers Mill es la derrota más dramática sufrida por un ejercito en tiempos modernos… siete mil hombres contra una maquina invasora… ciento veinte sobrevivientes…“. Aunque al inicio del programa y también por la mitad se anunció: “está escuchando una dramatización de la Guerra de los Mundos de H. G. Wells…” parece que muchos no lo escucharon. Miles confundieron el teatro por la realidad y se dieron a la fuga. Otros fueron atendidos en hospitales con ataques de nervios y en algunas iglesias rezaron por salvarse de los marcianos y del fin del mundo.
Pues no, no hay marcianos, y los canales vistos por Lowell no eran más que la consecuencia de no poder ver con claridad la superficie de Marte y algo de imaginación. Marte resulta tener una superficie seca, fría y, en apariencia, estéril, aunque la vida pudo surgir allí en el pasado remoto, cuando imperaban unas condiciones mucho más benévolas para ella.
Aunque Marte mostraba manchas en su superficie, era difícil determinar su forma y pocos astrónomos veían canales, las formas se distorsionaban por el efecto de nuestra atmósfera y no había un consenso.
En 1971, la nave Mariner 9 nos envió las primeras imágenes del planeta rojo. Para decepción de muchos no había canales y tampoco marcianos. El veinte de Julio de 1976, siete años después de nuestra llegada a la Luna llegamos a la superficie de Marte, aunque allí mandamos a un representante mecánico, un robot. Viking 1 (y dos meses más tarde Viking 2) tomaron miles de fotografías de la superficie. También hicieron experimentos biológicos en busca de marcianos, aunque fueran microorganismos.
Este planeta pequeño, con tan sólo la décima parte de la masa de la Tierra y la mitad de su tamaño, se encuentra a una distancia del Sol un cincuenta por ciento mayor que la de la Tierra al Sol y aunque no hemos encontrado marcianos es un lugar muy interesante. Marte tiene una atmósfera muy tenue, compuesta en su mayoría por dióxido de carbono y nitrógeno, y la presión atmosférica en su superficie es cien veces menor que la terrestre. Por eso, si usted visitara Marte sin la protección de un traje espacial, su sangre herviría inmediatamente y su cuerpo estallaría en mil pedazos. A pesar de ello, su atmósfera es suficiente para que se formen nubes finas, tormentas de viento y polvo, y para que el planeta tenga estaciones.
Tiene el mayor volcán (extinto) del Sistema Solar (Olympus Mons) y un cañón (Valles Marineris) de proporciones enormes que lo atraviesa como una gigantesca herida en la superficie. Marte tiene lo que aparentan ser lechos de ríos antiguos, lo que sugiere que en el pasado remoto el agua fluía por su superficie. Imágenes de alta resolución obtenidas recientemente por las cámaras de la sonda Mars Global Surveyor, en órbita alrededor de Marte, muestran lo que parecen ser barrancos tallados por agua existente debajo de la superficie marciana. La posibilidad de que exista agua en acuíferos subterráneos marcianos ha despertado mucho interés. Cuando se formó a partir de la nebulosa que formó el Sol y todos los planetas hace unos cuatro mil millones de años, Marte era mucho más parecido a la Tierra, pero su masa reducida y su ubicación, más alejada del Sol, determinaron una evolución muy diferente a la de la Tierra.
Nuestra mente es excelente formando patrones a partir de una tenue percepción visual. En el remoto pasado este don era importante para la supervivencia de nuestra especie y sigue siendo muy útil. En aquellos tiempos la facultad de reconstruir de una percepción borrosa en la noche, la cara de un tigre colmillo de sable significaba la diferencia entre la vida y la muerte. Los tigres colmillo de sable (Smilodon fatalis), felinos que vivieron hace mas de diez mil años en las Américas, eran más grandes que un jaguar y poseían colmillos superiores similares a la hoja de una navaja de unas ocho pulgadas de largo. Un arma letal que utilizaban para cazar animales grandes como los mastodontes.
Lo más importante que ve un bebe cuando por primera vez enfoca sus ojos en algo es el rostro de su madre. Ese rostro significa alimento, protección, la sonrisa del amor. Las caras son amigas o enemigas, son otros iguales o distintos a nosotros. No hay duda que reconocer caras es muy importante y es preferible ver caras donde no las hay a no verlas cuando están allí. Aquellos de nuestros antepasados sin esta habilidad morían prematuramente sin dejar descendientes. Tres manchas pueden formar una línea o un triángulo, las estrellas se convierten en la Osa Mayor o Tauro. Basta un círculo y tres puntos para ver una cara como la del famoso “smiley” cibernético J, y vemos rostros y perfiles en manchas de aceite, rocas, pan tostado, las nubes o la Luna. En la superficie de Marte también vimos una cara.
En 1976 Viking 1, en órbita alrededor de Marte, obtuvo gran número de imágenes de la superficie buscando un buen lugar para el aterrizaje de Viking 2. En realidad aterrizaje se refiere a la Tierra, por lo cual es más propio en el caso de Marte inventar “amartizaje”. En una de las fotos de la planicie de Cydonia no cabe duda que se ve un rostro. Hasta se puede ver el orificio de la nariz, aunque éste se trata de uno de muchos puntos que se ven en la imagen, generados por la falta de datos por problemas en la transmisión.
Se escribieron libros con historias acerca de los monumentos marcianos construidos por una civilización que habitó Marte hace millones de años. Se vieron “pirámides” en la misma imágen y se inventó una conexión entre la cara en Marte y la cara de la Esfinge egipcia. “Expertos” explayaron sobre la misteriosa (tiene que ser misteriosa para atraer el interés) vida inteligente en Marte. En un río de elucubraciones sin base alguna más que la imaginación de unos cuantos y el deseo de lucro de otros, se conectaron la Biblia, los alienígenos, el anticristo y los ángeles, en una triste y grotesca amalgama. Triste por el hecho de que posiblemente más de uno se lo crea, aunque no probablemente aquellos que escriben estas estupideces. Grotesca, porque si no fuera que muchos se lo tomaron en serio sería cómico.
Que lástima (para ellos) entonces, que la nave Mars Observer, en órbita alrededor de Marte, obtuviera imágenes de alta resolución de la famosa cara demostrando sin lugar a duda lo que no era inesperado: la cara, como tantas otras caras que hemos visto, es el resultado de inteligencia, pero no de Homo martianus sino que de Homo sapiens.
Claro, esto no detendrá a aquellos que por años inventaron fantásticas historias acerca del las civilizaciones marcianas, escribieron libros, artículos en revistas, y contaron sus historias en programas de televisión. Es demasiado buen negocio y ser “famoso” aunque sea por embustero ya es algo. Siempre se puede acudir al último recurso cuando ya las cosas andan mal: acusar al gobierno de esconder los hechos y continuar con la historia, embelesada ahora por la “conspiración”. Para el resto de nosotros no queda más que hacerle caso al célebre Groucho Marx: “Nunca me olvido de una cara, pero con la suya haré una excepción”.
