Liberté, Egelité, Fraternité
La libertad no es más que la práctica de la razón, y la razón un instrumento, y nada más, de la verdad
- Eugenio María de Hostos
Liberté, Egalité, Fraternité, son palabras escritas hace tiempo en los frisos de edificios públicos franceses, palabras que fueron la consigna de la revolución francesa, proclamadas por el año 1790. Son palabras plasmadas en la constitución francesa y representan el lema oficial de la República Francesa, similares aunque claramente no equivalentes al “In God we trust” de los norteamericanos. Este apareció estampado en las monedas por un acto del congreso de 1864 y en 1956, otro acto del congreso lo consagró como lema nacional. Quizá ellos tengan confianza en Dios, pero mas pertinente sería averiguar si Dios tiene confianza en ellos.
Según mi querido DRAE, Libertad quiere decir, entre otras cosas: Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres, aunque a mi me huele algo mal eso de “bien gobernadas y buenas costumbres” ya que falta la determinación de qué es bien y bueno. Libertad no es lo mismo que libertinaje al igual que política no es lo mismo que politiquería - no todo vale. Hay límites a la libertad individual determinados por la libertad y derechos del resto, es decir que, por ejemplo, mi libertad de escuchar música “a todo hender” queda limitada por el derecho de otros a descansar, y mi libertad de culto (o no culto) queda limitada por el derecho de otros a creer lo que quieran. ¿Mentiende?
También las naciones no son libres de hacer lo que quieran, pero al igual que con los individuos, muchas veces los grandes abusan de los chicos, los fuertes de los débiles, privándoles de libertad o más deplorable aun, tirándoles bombas en nombre de la libertad.
Como muy bien lo dice el artículo cuatro de la declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 (no hablaban de mujeres en aquel mundo regido por hombres): La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley, palabras igualmente válidas hoy día.
En el puerto de Nueva York se encuentra el monumento más famoso a la libertad, la colosal estatua de la libertad. Allí, una placa reproduce las palabras del poema “The New Colossus” escrito en 1883 por la poetiza Emma Lazarus, hija de inmigrantes judíos portugueses, con una estrofa que dice:
“Give me your tired, your poor,
Your huddled masses yearning to breathe free,
The wretched refuse of your teeming shore.
Send these, the homeless, tempest-tost to me,
I lift my lamp beside the golden door!”
Palabras lindas, y lamentablemente solo palabras. Contrasta la estatua con otro monumento que simboliza todo lo contrario: un largo muro en la frontera sur de los EE.UU. que pretende impedir la entrada de los pobres y cansados que buscan una mejor vida en el norte, generalmente realizando trabajos que los locales no están dispuestos a emprender por los sueldos de miseria que se les ofrece. Un monumento a la hipocresía e idiotez.
La libertad de expresión es un artículo específico - el diecinueve - de la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada el 10 de diciembre de 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas que dice: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Hoy se nos presentan algunas interrogantes urgentes con respecto a la libertad. ¿Estamos dispuestos a perder un poco de libertad a cambio de mayor seguridad? ¿Estamos dispuestos a que se analicen nuestras comunicaciones electrónicas para buscar palabras contenidas en un “diccionario” para descubrir potenciales amenazas?
La respuesta es irrelevante ya que esto se hace ya sin consulta alguna al pueblo soberano por una vasta red mundial de espionaje electrónico que escudriña desde la tierra y el espacio, el contenido de lo que pasa por los satélites de comunicación, los cables de fibra óptica, las computadoras y los teléfonos celulares. Una de esas estaciones que lee sus mensajes, en forma de gran disco parabólico que apunta a un satélite se encuentra en Sábana Seca.
Quizá usted piense que el que no tenga nada que esconder no tiene nada que temer; pueden leer todos sus mensajes. Pero no tener algo que esconder es relativo a quien establece lo que está mal, a quien determina lo que atenta contra ciertos intereses. En las dictaduras basta una crítica del gobierno o denunciar un crimen político para que ya lo busquen en la noche. Nadie puede garantizar que eso no pueda ocurrir en la nación que ostenta la estatua de la libertad, y que bajo el manto de “guerra contra el terrorismo”, que no es otra cosa que el absurdo “terrorismo contra el terrorismo”, ocurran eventos que van mucho más allá de lo que usted se imagina al pensar que no tiene nada que esconder.
Se han reportado muchos casos de interferencia indebida a ciudadanos. Una mujer pasó a ser catalogada como posible terrorista porque le escribió un mensaje a una amiga contándole que su hijo había fracasado en una obra de teatro en la escuela-he bombed-escribió.
El poder del estado es enorme. Bajo el manto del secreto de estado, que cada vez más se utiliza como un subterfugio para no divulgar lo que hace, una enorme maquinaria ha comenzado a “carpetear” y clasificar al ciudadano, información que sienta la base para la represión y el acoso, cuando el poder se sienta amenazado. “El precio de la libertad es vigilancia eterna” dice la célebre frase, pero se refiere a vigilancia por el pueblo a los que gobiernan, y no al revés.
Lo que esta en juego cuando aceptamos un poco de espionaje estatal, es la pérdida de toda la libertad ya que una vez implantado sigue su inexorable curso, al igual que no se puede estar un poco preñada. Si no se aborta nace el bebé, y en este caso es el bebé de Rosemarie.
Mi querido DRAE me dice que Igualdad - ante la ley - es un principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos, definición que a mi gusto se queda algo corta, ya que capacidad para los mismos derechos no es lo mismo que tenerlos garantizados. Ningún derecho es tal si no existe un mecanismo que lo garantice, es decir que tener el derecho a alimento no me garantiza estar alimentado, a menos que el estado así lo determine. Y por eso hay gente pidiendo en la luz para poder comer. No, no todos buscan dinero para la droga.
En realidad, cosas como los muros en las fronteras son consecuencias de la enorme desigualdad que existe entre humanos. Mientras que los veinticinco millones de norteamericanos más ricos tengan tanto ingreso como las dos mil millones (un tercio del total) de personas más pobres del mundo estaremos muy lejos de una razonable igualdad, habrá enormes presiones migratorias y estaremos muy lejos de la paz que muchos anhelamos.
Aun hay muchos que ni tan siquiera piensan que todos somos, al menos en principio, iguales y la idea de que somos animales como cualquier otro les causa gran molestia. Hace años los blancos pensaban (y muchos aun piensan) que los negros no eran iguales, eran inferiores, y ni que hablar de pueblos indígenas que para muchos pertenecían mas bien al reino animal, mal definido. Y es que por un lado estaban los animales para usufructo del hombre “Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer”, como dice la Biblia, y por otro los humanos. Un esquema útil en un mundo dominado por blancos europeos y más tarde por blancos norteamericanos, que servía para justificar la esclavitud, la explotación y el genocidio de muchos pueblos. En muchas sociedades a lo largo de la historia humana ha habido grupos que han proclamado la desigualdad. ¡Pero a ninguno de ellos se les ocurrió que eran ellos los inferiores!
La ciencia, más que el clamor por justicia, ha contribuido a desenredar la maraña dogmática sin fundamento que ha regido los tiempos, en este caso a través de los descubrimientos de la biología evolutiva y molecular, opuesta por algunos grupos religiosos, como si fuera cuestión de opinión. Nos ha demostrado sin lugar a duda que no hay tal separación entre humanos y animales.
El estudio del genoma humano y el de otros animales no deja duda en cuanto a que las diferencias genéticas entre “razas” definidas por rasgos superficiales que no se corresponden con diferencias genéticas claramente delimitadas, son muy pequeñas, y de hecho más pequeñas que las diferencias que se pueden encontrar dentro de una particular “raza”. Los estudios genéticos demuestran que no hay tal cosa como “raza”, y que este anticuado e inadecuado concepto es mera construcción social.
Somos realmente todos iguales, y no tan distintos de los chimpancés (otro insulto para algunos ignorantes) que son nuestros primos primates. Somos todos fraternos, descendientes de aquella Eva africana primigenia, que sin duda era negra.
La idea de una posición privilegiada para algunos dio lugar a un mundo basado en el dominio de unos por otros y de todos sobre la naturaleza, un mundo que no es envidiable sino inviable. La idea de una raza superior, aria, fue motor del genocidio Nazi, alimentado por la idea promulgada por la Iglesia Católica de que los judíos eran inferiores y que en sus ritos se comían a los bebés. Siempre hemos demonizado al enemigo, al pobre, al “indeseable”, atribuyéndole inferioridad, como si eso nos diera derecho a eliminarlo como la hierba mala, a pisarlo como una cucaracha, en vez de la obligación ética de ayudarlo.
Constatamos ese engreimiento en la postura de los líderes del nuevo imperio que se autoproclaman mantenedores de la paz, haciendo la guerra, y lo sentimos más de cerca cuando miramos con malos ojos al pobre diablo hecho leña que pide una limosna, cuando nuestro carro con asientos de cuero y aros de lujo tiene que frenar en una luz roja.
Ese peso fraternal que le podría dar al que pide es muchísimo menos pero vale mucho más que el diezmo que muchos le entregan a su iglesia a cambio de la salvación ilusoria, para beneficio de la oligarquía eclesiástica.
Según mi querido DRAE, Fraternidad es: Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales.
Somos todos “hermanos” como nos lo demuestra la ciencia, pero existe poca fraternidad, poco afecto ni amistad. No hemos logrado superar la idea del bíblico dominio y nos alejamos de la comunidad, y así seguimos maltratando al prójimo en un fratricidio sin precedentes.
Técnicamente todos los humanos no somos hermanos, pero por cierto somos parientes buena razón para ser al menos solidarios. La solidaridad, compañera de la fraternidad es según DRAE : Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.
La empresa es la paz, la causa es tener alimento y medicinas, la causa es no sufrir la arrogancia de otros, la causa es justicia. Aquellos que podrían impulsar los cambios necesarios o son agudamente miopes o incapaces o mediocres o posiblemente todas las anteriores. Más probablemente no quieren, no les interesa o no concuerda con sus intereses y agendas ideológicas. Además, ellos están bien, por más que estén sembrando una amarga cosecha.
Me recuerda al célebre poema (o sermón) del pastor alemán Martin Niemoeller de 1946:
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Todo lo anterior queda resumido en el artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos que dice: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros - Libertad, Igualdad, Fraternidad. Son palabras lindas, palabras de un ideal inalcanzado, vaya a saber si inalcanzable. Pero al menos quisiéramos acercarnos al ideal; no alejarnos, si es que queremos paz.
Ah, por las dudas, DRAE es el Diccionario de la Real Academia Española (http://buscon.rae.es/draeI/) y la declaración de derechos humanos está en www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm. Anímese, léala y ¡désela a sus hijos!
